Remedios caseros: curas lentas y eficaces

Remedios caseros y naturales

Pertenezco a una generación que fundamentalmente se desarrolló y sobrevivió con los cuidados naturales y el reposo. Las medicinas se tomaban de tarde en tarde y cuando no había más remedio. Mientras, se recurría a las deliciosas infusiones que se preparaban con hierbas, recogidas en su debido momento, y al reposo. Entonces y aún ahora conservo las sensaciones de la convalecencia, que prácticamente ha desaparecido de nuestras apresuradas vidas. La convalecencia, que significaba que el cuerpo entraba ya en la fase de recuperación definitiva, dejaba atrás el sufrimiento agónico y aseguraba unos días más sin ir a la escuela: una combinación muy agradable. Hoy, admitámoslo, la prisa nos tiene fritos. Los remedios caseros y la convalecencia nos hablan de una época en la que el tiempo transcurría lento, con una lentitud casi exasperante. La enfermedad, las dolencias, todo en nuestro día a día, se tomaba su tiempo.

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Shiatsu Zen para principiantes y estudiantes avanzados

Zen Shiatsu en el salón de casa

 Zen Shiatsu: 50 ejercicios para principiantes y avanzados es uno de esos libros que uno queda encantado de haber conocido, de presentarlo a familiares, vecinos, amigos y conocidos y hasta se reprocha no haber hecho algo más para haber trabado conocimiento con él mucho antes. Es ante todo un libro práctico (tal y como anuncia su título) y útil que nos ayuda a mejorar nuestra salud física y mental, estrechamente unidas. Se presenta en forma de manual bien estructurado, didáctico y fácil de leer; y también resulta fácil llevar a la práctica los ejercicios que se explican con la ayuda de imágenes. Nada de esoterismos que no conducen a nada.

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El placer de la lectura genuina

Fe de vida

Cuando llegó a mis manos el manuscrito de Fe de vida me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no leía obras distópicas y pensé que me había vuelto demasiado serio en mis lecturas. Al instante vinieron a mi memoria mis primeras lecturas. Las de niño no las recuerdo tanto, pero sí las de la adolescencia, que estaban plagadas de comics y libros de aventuras. Todavía hoy puedo sentir con gran nitidez, como si las reviviera, las sensaciones que me producían aquellas lecturas y cómo mi fantasía se contagiaba de lo que estaba leyendo, ya fuera Veinte mil leguas de viaje submarino, La isla del tesoro o Robinson Crusoe.

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